INSERCION LABORAL
 
La falta de empleo es la principal causa de la pobreza, la exclusión social y la desigualdad en los niveles de renta y riqueza y, por tanto, de oportunidades de las personas.

  
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El desarrollo económico no implica necesariamente la reducción de los niveles de desigualdad, pobreza o marginalidad de la sociedad. El progreso debe alcanzarse de modo que se mantenga el equilibrio entre los aspectos sociales y económicos. La existencia de colectivos como los jóvenes con cargas familiares, los parados de larga duración, los inmigrantes, las mujeres y las personas con cualquier tipo de dificultad, corren el riesgo de hacer crónica su situación y, por tanto de perder las posibilidades de integración socioeconómica. Es por ello que el desarrollo industrial y económico debe encontrarse siempre acompañado de procesos de información y formación que favorezcan la búsqueda activa de empleo, evitando la desmotivación de los trabajadores y trabajadoras parados y su pérdida de contacto con el mercado de trabajo.

El desempleo o los salarios bajos pueden hacer atractiva la opción de la delincuencia como forma de cubrir necesidades.

El factor trabajo influye por varias razones:

-   Imposibilidad de encontrar un puesto laboral suficientemente remunerado.
-    Largos años de paro y desocupación.
- Trabajo prematuro debido a insuficiencias económicas.
- Trabajo falto de contenido o de interés donde no llegarán a promocionar.

    Las carencias de expectativas de trabajo y la precariedad laboral deriva en distintas problemáticas como la delincuencia o la droga, salarios bajos, fuertes ritmos de trabajo... El paro también produce ocio y consecuencias negativas como el papel primordial que adquiere la calle, la búsqueda de sensaciones para afrontar la monotonía, el encuentro con pandillas...

    En un marco de políticas activas de empleo, adquiere una especial relevancia la ley de inserción laboral de las personas en situación o en riesgo de exclusión, ya que la ayuda personalizada para la búsqueda de empleo parece ser una de las intervenciones más efectivas para la mayoría de las personas en desempleo, combinada con programas de formación específicos atendiendo a las características de las personas o grupos concretos.

    Combatir el desempleo de larga duración o el procedente de la exclusión social exige reforzar sinergias entre todos los agentes políticos, sociales y económicos, con el fin de hacer frente a las demandas existentes en la sociedad, de una manera eficaz y dando respuesta al mismo tiempo a las nuevas necesidades y a las circunstancias cambiantes. En síntesis, se trata de lograr una sociedad no excluyente, abierta y cohesiva, basada en la solidaridad y en la igualdad, y una elevada calidad de vida para todo el conjunto de la población.
  
    Las personas o colectivos que más dificultades tienen para encontrar empleo son las mujeres, las personas discapacitadas, la etnia gitana, los inmigrantes, los jóvenes, las personas mayores de 45 años...


Mujer y trabajo:

A partir de 1984 es cuando se produce una incorporación masiva de la mujer al ámbito laboral. Las mujeres desempleadas en general y, sobre todo las mujeres que quieren reincorporarse a la actividad laboral después de estar apartadas de tal ámbito, no tienen facilidades para conseguir un puesto de trabajo asalariado. Este hecho está produciendo que muchas mujeres en estas circunstancias hayan tomado la decisión de crear su propia empresa o su propio puesto de trabajo, aprovechando la experiencia laboral y profesional adquirida.

    Tradicionalmente, las mujeres han podido intervenir mucho menos tiempo en la actividad profesional que los hombres. El principal de los obstáculos es la existencia de costumbres sociales muy arraigadas y que poco a poco, con el paso del tiempo, han ido cambiando. Ahora, la mujer va accediendo al mundo del trabajo de una forma más regular, debido a diversos factores que han favorecido esta inserción:

- Matrimonios a edad más avanzada.
- Planificación de la maternidad.
- Independencia de la mujer en el ámbito de la pareja.
- Aumento de servicios personales, como pueden ser, las escuelas infantiles.
- Incremento del consumo familiar.
- Esperanza de vida más larga.
  
    La diversificación progresiva del mercado de trabajo y el papel cada vez más esencial de la especialización para poder cubrir determinadas necesidades son factores decisivos en el acceso de las mujeres en el ámbito laboral. De las transformaciones que se están produciendo se derivan las siguientes consecuencias:
  
- La mujer ha demostrado su capacidad, aún cuando no se haya aprovechado en un porcentaje muy elevado.
- Se ha incrementado la competencia profesional femenina.
- Existe una aceptación de la mujer como profesional no solamente en puestos de trabajo no cualificados.

    A pesar de que la mujer se encuentra cada día mejor preparada, en la práctica, su acceso a las cúpulas de dirección de las empresas continua siendo muy difícil. La cualificación profesional de la mujer y su incorporación al mundo laboral han representado un gran cambio social. Tanto las empresas privadas como la Administración Pública aún se decantan mayoritariamente por contratar hombres para cargos de responsabilidad.

    La mujer emprendedora que desea llevar a término un proyecto empresarial o un negocio, tiene que ser consciente de que tiene que aprender a desenvolverse en ambientes poco habituados a la presencia femenina. A esta dificultad inicial hay que añadir una serie de impedimentos con los que se encontrará de su trayectoria como empresaria: masculinización del mundo empresarial, discriminación, dificultad de financiamiento, circunstancias familiares, horarios, redes de comunicación masculinas, etc.
  

Jóvenes:

La dedicación de los jóvenes al estudio, al trabajo o a otras actividades, los problemas de inserción en la vida laboral, su dependencia de la familia de origen y el retraso en constituir la suya propia, la dificultad para lograr una independencia económica mínima, las barreras para acceder a una vivienda y otras circunstancias similares, constituyen un entramado de factores sociales y problemas que definen la situación de la juventud.

    La juventud actual posee unos niveles educativos superiores a los de cualquier otra generación anterior, aunque ello supone la prolongación en el tiempo del periodo de formación. Pero la consecuencia inmediata es que también tardan más en incorporarse a un trabajo estable y suficientemente remunerado, sobre todo por la situación precaria del empleo, que les afecta sobremanera. Todo ello está dando lugar a un aumento del paro y su vida laboral se ve troncada y con ello sus perspectivas de futuro y su calidad de vida. Aparece entonces la impotencia, la falta de ilusión y una mayor intensidad de los conflictos familiares.

    Una parte de las grandes trasformaciones producidas en los últimos años en la realidad de los jóvenes tiene que ver con los cambios producidos en el mundo del trabajo. Los jóvenes actuales siguen teniendo mayores tasas de desocupación que las personas adultas y, cuando consiguen trabajo, su relación laboral está marcada por la inseguridad sobre su continuidad en el trabajo, los ingresos son insuficientes para satisfacer sus necesidades mínimas, la protección social que reciben es muy escasa, etc.

    El conjunto de dificultades que enfrentan los jóvenes para incorporase al mundo laboral y permanecer en él provoca situaciones conflictivas, tanto en él o ella como al interior de la familia, que tienen que ver con la autonomía relativa de los jóvenes y la capacidad de asumir responsabilidades, entre ellas la de independizarse económicamente y poder formar su propio hogar. La precariedad de la condición juvenil se ve agudizada dramáticamente entre los que provienen de hogares pobres. En este contexto aparece la llamada «desesperanza aprendida» en cuya percepción ninguna acción individual puede modificar la situación de pobreza y desamparo (Valdés, T, y M. Díaz (1993) «Situación social y económica de los jóvenes y su resonancia en la vida familiar». Documento preparado para la Subcomisión Socioeconómica de la Comisión Nacional de la Familia», FLACSO, Santiago, 1993).

    Se hace actual la teoría de la indefensión o la desesperanza aprendida, planteada por Seligman y Perterson en la década de los 70, donde proponen que algunos individuos, debido a su historia de aprendizaje, llegan a percibirse a sí mismos como individuos con muy poco control sobre su entorno (la persona cree que todo lo que le pasa es incontrolable, entonces se siente impotente, no sabe que hacer y acaba por no hacer nada).
   
    Pero la precariedad del mercado de trabajo afecta tanto a jóvenes como a personas adultas. Las explicaciones que se dan, referente a la gran falta de trabajo, van en el sentido de que el consumo disminuye, las inversiones están estancadas, las exportaciones prosperan con dificultad, los motores del crecimiento están a mínimos... Un abanico de circunstancias a las que no vemos soluciones a corto plazo. Todo ello da lugar a un aumento de personas en paro, cuya vida laboral está troncada, afectando en todos los ámbitos de su vida. La carencia de expectativas de trabajo que afecta sobre todo a jóvenes que buscan su primer empleo, unido a otras problemáticas como la delincuencia y la droga, nos introduce en una espiral de «negocios sumergidos».


Empleo para las personas discapacitadas:

¿Por qué los discapacitados no pueden disfrutar del derecho al trabajo reconocido en el art. 35 de la Constitución Española?
   
    El empleo es uno de los mayores factores de integración para cualquier persona en edad adulta y por consiguiente también para las personas con alguna discapacidad.

    La situación actual del mercado laboral indica que el empleo no es un bien para toda la población; las personas con discapacidad sufren mayores dificultades que la población general para encontrar empleo. Los trabajadores con discapacidades tienden a quedar rezagados con respecto a otras personas que buscan empleo, en particular cuando el número de desempleados en general aumenta.

    En la actualidad, las empresas que no cubren un 2 % de sus empleos con trabajadores discapacitados deben destinar el coste que supondría el empleo de estas personas a la adquisición de bienes elaborados en Centros Especiales de Empleo o donarlo a instituciones para la integración de estas personas.


Inserción laboral de la etnia gitana:

Tener un trabajo digno es un derecho de cualquier ciudadano, y una garantía básica para su promoción personal e integración social. Desafortunadamente la situación de muchas personas gitanas con respecto al empleo es bastante mala por el momento y no parece mejorar de cara al futuro, constatándose todavía algunas situaciones claramente excluyentes y discriminatorias:
  
- La población gitana no tiene la misma posibilidad de acceder a la oferta de formación profesional ocupacional que el resto de los ciudadanos. En este caso, no se trata de que se les discrimine o prohiba su acceso, sino que esta oferta formativa no se adapta, no es lo suficientemente accesible, de acuerdo a las condiciones y necesidades de la población gitana
- Muchos empresarios discriminan a la población gitana cuanto intenta acceder a un empleo, como consecuencia de los prejuicios y estereotipos existentes
- La legislación con respecto a la venta ambulante, que es uno de los empleo más desarrollados por los gitanos, es claramente discriminatoria y restrictiva si se compara con otras modalidades comerciales.

    Atrás quedan los tiempos en que los gitanos eran reconocidos por su trabajo en la forja o por sus conocimientos en cuanto a caballería. La mayoría de los gitanos actualmente, viven de la venta ambulante, pero la práctica de esta actividad laboral se ve dificultada por las reticencias de las autoridades locales a facilitar permisos de venta. El resto de actividades en las que trabajan los gitanos, muy distanciadas de las anteriores, son las actividades agrícolas, la recogida de papel o chatarra, las antigüedades, e incluso el mundo artístico. En otro tipo de actividades, los gitanos se encuentran con problemas, principalmente derivados de la falta de cualificación profesional y de la carga de prejuicios existentes. Por todo ello, el índice de paro entre la población gitana es muy alto.

    Algunos gitanos viven una situación de marginación y están desfavorecidos, en buena medida debido a su exclusión del mundo del trabajo, por lo que es preciso garantizar la igualdad en cuanto en cuanto al acceso de la oferta de recursos de educación y empleo y al mercado de trabajo normalizado. Por ello, es necesario, desarrollar una oferta formativa específica y especializada para la población gitana, así como acciones de orientación profesional individualizada, dado que hay todavía muchos gitanos y gitanas que, por diferentes motivos, no acceden a los recursos normalizados.

    El problema del desempleo no tiene una fácil solución y las diferencias económicas entre regiones continúan aumentando; lo mismo ocurre con determinados grupos y colectivos de ciudadanos; la desigualdad no solamente es territorial sino también sectorial, en la medida que afecta más a unos grupos que a otros.

  
Los inmigrantes ante el empleo:

Los problemas a que se enfrentan los inmigrantes en España tienen que ver con las adaptación a las condiciones del mercado laboral y con las exigencias para tener condiciones de vida dignas, semejantes a las de los ciudadanos nacionales, también con la vivienda, la educación, la salud y la convivencia.

    Ante todo, los inmigrantes necesitan de un puesto de trabajo; lo que requiere la existencia de una demanda y una información transparente sobre las oportunidades en el mercado laboral, que no siempre se da.

    La tendencia creciente a ofrecer trabajo temporal, trabajo informal y contratos precarios afecta por igual a nacionales e inmigrantes. Los problemas que puedan plantearse derivan de la situación legal y, en concreto, de la existencia de inmigrantes no documentados o «sin papeles».

    El mercado de trabajo está fuertemente segmentado. Los inmigrantes necesitan de una información transparente en sus lugares de origen y también en los de llegada, así como información general sobre la demanda en los diferentes países y en el conjunto de la Unión Europea. El problema es que esta información no se da, no existe, lo cual provoca grandes desajustes en lo que se refiere a la mano de obra.


El desempleo:

El desempleo alude al factor trabajo. Sus terribles repercusiones sociales lo convierten en un problema económico fundamental.

    Para describir la situación del empleo en una sociedad, los datos suelen ofrecerse en forma de tasa de desempleo: La proporción de trabajadores en paro con respecto al total de la población activa. Pero no es fácil medir esta tasa ya que aunque se precisen los conceptos de «trabajador en paro» y «población activa» siempre encontraremos individuos a los que no sabremos con exactitud en qué categoría clasificarlos.

    Se llama población activa a los individuos de una sociedad que estando en edad de trabajar y capacitados para hacerlo, tienen o desean tener un empleo remunerado. Los activos o «población económicamente activa», es el conjunto de personas de 16 años o más, que en un período de referencia dado, suministran mano de obra para la producción de bienes y servicios económicos o que están disponibles y hacen gestiones para incorporarse a dicha producción. Los miembros de este grupo que están buscando activamente empleo y no lo encuentran recibirán la calificación de trabajador en paro. Se consideran paradas o desempleadas todas las personas de 16 y más años que durante la semana de referencia hayan estado «sin trabajo», «en busca de trabajo», es decir que hayan tomado medidas concretas para buscar un trabajo por cuenta ajena o hayan iniciado gestiones para establecerse por su cuenta durante el mes precedente, y «disponibles para trabajar», es decir, en condiciones de comenzar a hacerlo en un plazo de dos semanas a partir de la fecha de entrevista.

    Se consideran inactivas todas las personas de 16 y más años, de uno y otro sexo, no clasificadas como ocupadas o paradas durante la semana.

    El desempleo es la situación en que se encuentran quienes, pudiendo y queriendo trabajar pierden su empleo o ven reducida su jornada ordinaria de trabajo y se hallan en situación legal de desempleo.

    Sólo pueden clasificarse en sentido estricto como desempleados, aquello que además de carecer de ocupación, tienen la intención de emplearse y disponibilidad efectiva para el trabajo. Quedan por tanto excluidos de la condición de población activa los menores de edad, los jubilados, los enfermos o físicamente incapacitados, los estudiantes y ese numeroso grupo de personas que por estar trabajando en sus casas para sus familias no pueden tener un empleo remunerado fuera del hogar.

    Existen razones coyunturales para el desempleo, especialmente debido a la disminución del ritmo de la actividad productiva, y la lamentable situación en que se encuentra la mediana y pequeña empresa, incluyendo sectores como la minería y la agricultura, el rápido ritmo tecnológico y la aceleración del cambio social que hacen que bienes, servicios y empresas tengan un ciclo de vida cada vez más corto. Pero las hay también estructurales, especialmente la baja calificación de la mano de obra, su escaso entrenamiento y pobre educación, y la existencia de un marco institucional del mercado actualmente confuso. Este rápido ritmo de cambio exige una modificación radical en los individuos y las empresas, creando a la vez mayor estrés y presión. Cuando éstas no son capaces de hacer frente a las nuevas situaciones, el resultado inevitable es la pérdida de mercados, la reducción de plantillas o el cierre de las empresas. El efecto final es el paro.

    No existe ningún modelo que pueda explicar globalmente y de forma satisfactoria la reincidente realidad del paro laboral, pero hay algunos modelos que lo intentan:



    - Modelo neoclásico del mercado de trabajo y el desempleo:
   
    Los economistas neoclásicos consideraron el mercado del factor trabajo igual que al resto de los mercados de factores, bienes, y servicios. Los salarios son el precio que hay que pagar por los servicios prestados por el factor trabajo. Cuanto mayores sean los salarios, menor será la cantidad demandada y mayor la cantidad ofrecida. El análisis neoclásico se basa en el supuesto de la flexibilidad de los salarios.

    Distinguirían dos clases de paro: Voluntario e involuntario:

    - En el punto de equilibrio todos los trabajadores que lo deseen encuentran un empleo, pero habrá una cierta cantidad de personas que no estarán dispuestas a trabajar por encontrar excesivamente bajos los salarios. Ésto será desempleo voluntario.
- Si algún factor externo impide el reajuste de los salarios, aparecerá el paro involuntario.

    La persistencia de un cierto nivel de paro involuntario permanente es explicada en el modelo neoclásico mediante dos tipos de razones: El desempleo friccional y el estructural:

- El desempleo friccional: Está originado porque muchos de los que acaban de obtener un título profesional no tienen un puesto de trabajo esperándoles, o porque algunos trabajadores deciden dejar su puesto para buscar otro mejor y tardan algún tiempo en encontrarlo.

- El desempleo estructural: Se produce por desajustes en la localización y la cualificación ofrecida y demandada. Es posible que la inversión empresarial se esté produciendo en una región determinada mientras que la oferta de trabajo esté en otra.    
   
    La resistencia de los trabajadores y empresas a trasladarse provocará desempleo. Tambien es frecuente que los empleos de nueva creación requieran unas habilidades peculiares de difícil adquisición por el trabajador.

    Estos tipos de explicación se han desarrollado con el llamado modelo de búsqueda de empleo. La idea básica es que los trabajadores y los empleos están muy diferenciados. No todos los empleos son adecuados para todos los trabajadores. El individuo en paro tiene por tanto que realizar una búsqueda del empleo que mejor se ajuste a sus aspiraciones.


    - Modelo keynesiano del mercado de trabajo y el desempleo:

    En el modelo keynesiano, la causa principal del paro hay que buscarla en la insuficiencia de la demanda. Un cambio negativo en las expectativas de los empresarios puede provocar una disminución de su demanda, lo que originará una serie de reacciones en cadena en la que se irá perdiendo empleo sucesivamente en diferentes ramas. La consiguiente disminución en la capacidad adquisitiva de los trabajadores puede agravar el círculo vicioso prolongando indefinidamente la situación de desempleo.

    La rigidez a la baja de los salarios impide que la disminución de la demanda se traduzca en descensos salariales, por lo que se producirá una situación de desempleo involuntario.


    - Teorías modernas del mercado laboral:

    Lo que distorsiona el mercado laboral es la rigidez de los salarios reales, que se mantienen al mismo nivel a pesar de las variaciones que se produzcan en la tasa de desempleo.

- El modelo de los contratos implícitos: Parte de considerar que los trabajadores tienen una aversión al riesgo superior a la de sus empleadores. Por tanto prefieren empleos seguros, con salarios estables aunque sean bajos, en vez de salarios altos con peligro de cierre de la empresa y pérdida del empleo.

- El modelo del mercado interno de las empresas: Trata de explicar porqué la existencia de trabajadores en paro, teóricamente dispuestos a aceptar un empleo a cualquier precio, no provoca la caída de los salarios. En cada empresa hay un gran número de puestos de trabajo que requieren cierto grado de confianza en la persona que los ocupa. Para esos empleos se buscarán trabajadores conocidos, que ya lleven un tiempo en la empresa. Muchos otros puestos exigen una formación muy especializada que sólo se consigue permaneciendo mucho tiempo en el mismo empleo. Por tanto los trabajadores en paro no sirven para ocupar esos empleos y, aunque estuvieran dispuestos a aceptar salarios más bajos, no representan una competencia real para los que ya están empleados desde hace tiempo en la empresa.
- El modelo del pago de la lealtad: Se fija en ciertos comportamientos que, aunque no sean fácilmente explicables racionalmente, todo el que haya trabajado en una empresa sabe que son muy comunes. Hay un amplio grupo de trabajadores que se esfuerza más de lo que les exige la empresa. Es comprensible por tanto que la empresa les pague más de lo estrictamente necesario para que permanezcan en sus puestos. Se produce una especie de lealtad mutua entre empleados y empleadores.

- El modelo de los salarios anti-escaqueo (shirking): Considera que la empresa no puede estar detrás de cada trabajador controlándole en cada minuto para que cada uno rinda al máximo posible. La mejor forma de incentivar el trabajo es ofrecer buenos sueldos. Si los salarios fueran bajos no se tendría miedo al despido. En algunos países comunistas del este de Europa, la falta de temor al despido y los bajos salarios provocaban que el rendimiento de los trabajadores sea mucho más bajo que en los países occidentales.

- El modelo de la selección inversa: Subraya el temor de los jefes a que, en el caso de que bajasen los salarios cada vez que la empresa atravesara un momento difícil, los primeros trabajadores en abandonarles serían los mejores, los que se sintieran confiados en encontrar fuera otro puesto mejor pagado. Es preferible por tanto no bajar los salarios y adaptarse a las crisis mediante reajustes de personal en los que se despidan sólo a los peores.

    Es fácil detectar algunas características comunes a todos estos modelos ya que optan por un análisis de tipo psico-sociológico. Consiguen complementarse mutuamente para explicar porqué los salarios permanecen altos a pesar de altas tasas de desempleo en el mercado laboral. Comparten un cierto «espíritu» keynesiano ya que, al mostrar la incapacidad del mercado de trabajo para alcanzar automáticamente el equilibrio, están justificando la necesidad de intervención del Estado.


    Las políticas de empleo:

    La intervención del Estado para fomentar el empleo se encuentra con grandes dificultades ya que las políticas expansivas pueden producir desagradables efectos secundarios, provocando inestabilidad monetaria y otros desequilibrios. Si lo que se busca es una oferta de empleo bien remunerado, sostenida a largo plazo, habrá que actuar con cuidado para que no sea «peor el remedio que la enfermedad».
    Pero las políticas expansivas podrían tomar medidas de fomento del empleo que, según estos modelos, eliminen o suavicen las dificultades para encontrar empleo y faciliten el ajuste entre la oferta y la demanda de trabajo.

    Para reducir el paro friccional y eliminar los problemas que denuncia el modelo de la búsqueda de empleo una medida elemental debe consistir en la organización de un sistema de oficinas de empleo que funcione de forma eficiente, con ficheros organizados e informatizados, de forma que faciliten la búsqueda rápida del empleo más adecuado a cada trabajador y del trabajador más adecuado para cada empleo.

    Para solucionar el paro estructural son necesarias medidas que faciliten la movilidad espacial y funcional de los trabajadores. La movilidad espacial está obstaculizada principalmente por los altos precios de las viviendas y los alquileres que desaniman la migración interior. La movilidad funcional requiere la organización de un sistema educativo con una formación profesional adaptada a las necesidades de las empresas y que tenga la flexibilidad suficiente para adaptarse a la rápida evolución de las tecnologías.

    El aumento de la demanda de trabajadores puede conseguirse con medidas fiscales que reduzcan los costes salariales para las empresas, bien reduciendo las contribuciones obligatorias a la Seguridad Social (substituidas por otros ingresos del Estado), o subvencionando la contratación de trabajadores como minusválidos, jóvenes en su primer empleo...

    El concepto de «paro» es ambiguo y cargado de problemas. Los millones de parados no son siempre los mismos y hay un núcleo de parados «fijos», o de larga duración, los que llevan más de 3 años sin encontrar empleo y sobre todo millones de personas que son parados u ocupados eventuales.


    España sufre aún un grave problema de desempleo que afecta mayoritariamente a los jóvenes, mujeres y parados de edad madura. Además, un alto número de personas viven aún por debajo del umbral de la pobreza.


La inserción:

La inserción social son las distintas actividades destinadas a volver a introducir en la vida normal de la sociedad a quien no se encontraba dentro de ella. Cada sociedad definiría una estrategia de inserción dirigida a las poblaciones mas desfavorecidos, dispositivos, medios que den respuesta a las distintas situaciones de exclusión. Los dispositivos se integran dentro de políticas estratégicas. Habría que centrarse en lo referente al mercado de trabajo, iniciativas a fomentar la formación, mejorar la situación y atención sanitaria, aminorar los problemas de vivienda, ampliar la autonomía individual o social... Los dispositivos varían según la situación y los niveles de exclusión pero todos son una línea de búsqueda de soluciones a la inserción de los amenazados por la exclusión.

    Se entiende por integración social el grado de autonomía personal y participación social del individuo en su entorno como sujeto de derechos y deberes. La inserción social del exige una intervención integral que incida en los distintos planos de la persona: individual, relacional, familiar, educativo, sanitario, laboral, etc.; y una actuación en el entorno social que le excluyó y que tiene la responsabilidad de articular los medios necesarios para facilitarle el acceso.

    El objetivo más importante a conseguir es aunar esfuerzos para una planificación conjunta por parte de todos los implicados en la búsqueda de soluciones y conseguir así, la integración plena de la población marginal en la sociedad.

    Para conseguir un itinerario apropiado hay que seguir unos pasos como concretar las necesidades partiendo de un nivel inicial, un seguimiento personalizado durante todo el proceso y una evaluación de los logros adquiridos.

    Hasta ahora, la inserción o reinserción se planteaba, en las ofertas terapéuticas, como la última fase de la intervención, cuando el problema ya está vencido. Sin embargo, la inserción social habrá de plantearse como un proceso gradual, con avances y retrocesos, que se inicia y discurre simultáneamente con las intervenciones rehabilitadoras. No se puede pretender que todas las personas alcancen un mismo grado de integración social. Ha de ser el propio sujeto quien marque el ritmo y los objetivos de su inserción, y a través de los agentes sociales profesionales y voluntarios se favorezca y motive la búsqueda de mayores cotas de autonomía y participación.

    Las intervenciones en el área de integración social se dirigen a evitar la estigmatización social utilizando los recursos normalizados disponibles en la comunidad. Esto no es incompatible con la creación y el desarrollo de actuaciones específicas que fomenten los procesos educativos para cubrir las carencias . Estos recursos específicos siempre han de entenderse como puente y complemento de la actuación de los recursos normalizados. Asimismo, la inserción social conlleva una obligada intervención sobre el medio social en que se desenvuelve . Es necesario transformar unas estructuras sociales que generan cada vez mayores grados de exclusión.

    Dentro de la integración en la sociedad se debe tener en cuenta políticas de prestación de servicios públicos como ser salud, educación, vivienda, seguridad social... políticas que tienden a compensar los efectos de la exclusión como ser las políticas de empleo, el seguro de desempleo, los subsidios de alimentación, la protección a la infancia...

    Dentro de la integración social, tiene cabida la inserción laboral. En nuestro modelo de sociedad, el trabajo favorece la inserción social: por un lado, la utilización del tiempo de una manera reglada de tareas, horarios, condiciones laborales, etc. y por otro, proporciona los recursos necesarios para subsistir y la posibilidad de relacionarse con otras personas que en general no se mueven en un ambiente de consumo de drogas. El acceso a un puesto de trabajo, es para la mayoría de la población, fundamental para lograr los ingresos que permiten cubrir sus necesidades. Se logran así, las capacidades de crecimiento y se consolida una base que garantiza a los sujetos un lugar en esta sociedad (Beccaria, 1996)

    La inserción en el mercado de trabajo se constituye como elemento de integración social y, por lo tanto, las dificultades y obstáculos que encuentra la población económicamente activa (PEA) para obtener empleo en la actualidad, incrementa paulatinamente el universo de los sectores populares, más vulnerables y desprotegidos.

    La inserción laboral se entiende como un proceso de promoción de la persona, cuyo objetivo es aumentar las capacidades de empleabilidad del individuo de modo que pueda desenvolverse eficazmente en el mundo laboral.


Dificultades:

Establecer una política de inserción dirigida a luchar contra la exclusión no es fácil. Existen múltiples problemas:

- Coordinación de los diferentes actores de la inserción: los destinatarios, actores pasivos, serían el objeto de las actuaciones y programas. Se debe cuidar mucho la relación interpersonal, dificultando la relación de diálogo en situaciones de igualdad.

- Conocer los grupos marginales y el nivel de exclusión para después actuar y dar con los dispositivos apropiados a cada circunstancia.
- El proceso de normalización de las personas excluidas exige una atención y acompañamiento individualizado.
- Escasez de recursos tanto económicos como de dispositivos, profesionales...
- Puesta en marcha de una estrategia.
- Disposición de los agentes sociales: definiendo perfiles y cualificaciones especificas según la función de cada uno.
- Escasez de experiencia acumulada.
- Falta de implicación y liderazgo.
- Trabajo conjunto y la colaboración de todos los agentes y actores implicados.
- Las alternativas de inserción pueden chocar con el marco legal dificultando las posibilidades de inserción repercutiendo en los más desfavorecidos.
- Implicación de los responsables políticos.
 



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